Lucía, la vendedora de ilusiones – Parte III

Vendedora de ilusiones - Parte III
Vendedora de ilusiones – Parte III

Aunque todavía no pensaba que sería abuela, Lucía sentía tanto amor por sus hijos, que aquel nuevo miembro de la familia, que tan ansiosamente esperaba que llegara a casa, ya lo sentía como su propio hijo, alguien que más adelante le traería grandes alegrías a todos.

No había acabado de bajarse Marcela del taxi con el bebé en sus brazos, que todos saltaron de emoción, para ver por la ventana mientras Iván pagaba el transporte, peleando como siempre con el taxista que quería cobrarle más de lo que usualmlente pagaba hasta su casa.

Qué hermoso bebé, se parece mucho a Marcela – Dijo emocionado Manuel.

No, se parece a su abuelo Gonzalo – Dijo en tono cariñoso Lucía.

Luisito se empinaba por verlo mientras todos se agolpaban curiosos, preguntando los últimos acontecimientos del nacimmiento.

Marcela lucía cansada, con su bebé en brazos esperando llegar a su cama para por fin descansar de un parto que, como primipara en estos menesteres, fue traumático desde todo punto de vista.

El día anterior, los dolores de Marcela habían empezado muy en la madrugada. Iván como siempre había llegado bastante tarde, luego de estar jugando billar con sus amigos del barrio. Desde que Marcela quedó embarazada, Iván se había alejado de ella, sus muestras de cariño eran cada vez más escasas.

Esa mañana, como pudo Marcela alistó las cosas suyas y del bebé, que hace varios días atrás su madre le había ayudado a preparar, previendo que en cualquier momento tendría que salir corriendo para la clínica.

Amor, por favor ayúdame – Le exclamó Marcela a Iván, mientras se tomaba el vientre de dolor.

Creo que ya se viene el bebé, los dolores son muy fuertes y seguidos – Le siguió diciendo a su esposo.

Tranquila mamita – Le dijo Iván – Relájese, respire profundo y verás que se te pasa.

No Iván, estos dolores ya no me los aguanto – Dijo Marcela – Me voy para la clínica aunque sea sola.

De mala gana se levantó Iván, con el ceño fruncido, a grandes luces disgustado por las pocas horas de sueño que tenía encima.

Por favor llama a mi mamá para que vaya a la clínica más tarde – le suplicó Marcela a Iván. Sabía que no habría mejor persona que Lucía para ayudarla en el proceso del parto.

Como era de esperarse, la clínica pediátrica ya estaba congestionada a las 4 de la mañana. Tuvieron que esperar como hasta las 6 am para que que por fin le dieran un cuarto a Marcela, para que llegara a las dilataciones necesarias para el parto.

Lucía llegó una hora después a la clínica, dejó encargado a Manuel para que despachara a Luisito al colegio, y atendiera la tienda mientras ella no estaba.

Fueron casi interminables las horas de dolor, nunca llegó a pensar que traer un bebé al mundo fuera tan traumático. Lucía siempre estuvo a su lado, consintiéndola, conversándole de muchos temas para distraerla de los dolores que cada vez se hacían más intensos. Iván aunque también estaba ahí, estuvo siempre distraído con su celular, algunas veces jugando, otras veces chateando; se le veía presente sólo por obligación.

A pesar de los medicamentos que le suministraron para agilizar el trabajo de parto, no fue sino hasta las 5 de la tarde, que ya estaba lista para el nacimiento de su primer hijo. Mientras era trasladada a la unidad obstétrica, Lucía la acompañó hasta la puerta.

Mija tranquila que ya casi termina todo – Le dijo Lucía con lágrimas en sus ojos.

Gracias mami por estar aquí – Solo atinó a decir Marcela con su voz entrecortada por los fuertes dolores que no la dejaban casi hablar.

Dos horas después un bebé de 1750 gramos y 55 cms nació a las 7:30 de la noche. El parto se venía complicando cuando su presión arterial empezó a subir súbitamente, con signos claros de preclancia. Afortunadamente cuando nació el bebé, los signos vitales de Marcela se empezaron a estabilizar, mientras los médicos respiraban con mayor tranquilidad.

En casa sólo se sentía la alegría que una nueva vida le inyecta a una familia. Iván como siempre, aprovechó cualquier descuido para salir a hurtadillas de la casa a encontrarse con sus amigos.

Mientras Marcela se iba a su cama, sus hermanos contemplaban felices a su primer sobrino, y Lucía se apresuraba a la cocina a traerle un caldo de carne que le había preparado.

Te felicito Marcelita, es un bebé muy hermoso – Le dijo Manuel a su hermana.

Gracias Manuelito, estoy muy contenta, le doy muchas gracias a Dios porque nació completico y sanito. – Le respondió Marcela – Aunque esto del parto es un tema para machos, a veces sentía que no podía aguantar tanto dolor, que me desmayaría, pero las enfermeras siempre estaban pendientes de que estuviera siempre despierta.

¿Qué nombre le vas a poner? – Se le ocurrió preguntar a Luisito.

No sé Luisitio, tendré que preguntarle a Iván qué nombre quiere – Le respondió Marcela – Yo quiero que se llama Gonzalo, como su abuelito.

Marcela siempre tenía en su mente a su padre, sabía que a pesar de no estar físicamente con ella en esos momento tan duros, sintió su presencia espiritual, dándole fortaleza cuando parecía desfallecer.

Ya habían pasado un par de horas, hablando de una cosa y otra, ayudándole a Marcela con sus primeros pasos como madre.

Bueno mis amores, tenemos que dejar descansar a Marcelita – Les dijo en tono enérgico Lucía a sus hijos.

Y dónde está Iván, se voló ese bandido – Dijo enojada Lucía

Sí mamá, como siempre, evadiendo sus responsabilidadaes – Replicó Marcela.

Llámalo Manuel, dile que ya nos vamos, para que esté pendiente de mi hija – Le dijo Lucía con voz de mando a Manual para que buscara a Iván.

Hasta que no regresó Iván a casa, no se despidieron de Marcela y su hermoso bebé.

Mañana vengo temprano mi amor – Le dijo Lucía a Marcela – Una vez que deje lista la casa y despache a Luisitio, vengo a darte una vueltica.

Muchas gracias mamita y hermanitos por todo – Respondió Marcela con su voz cansada.

Todos se despidieron con un beso para Marcela y el bebé, con una gran sonrisa en sus rostros, que reflejaba la alegría de que todo hubiera salido tan bien. Agradecidos con Dios con la bendición que significaba tener un nuevo integrante en la familia.

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Parte II
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Parte V
Parte VI
Parte VII

 

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