Lucia, la vendedora de ilusiones – Parte IV

Lucia la vendedora de ilusiones parte IV
Lucia la vendedora de ilusiones parte IV

Cada vez que podía, Lucía les contaba orgullosa a sus familiares y amigos, cómo Manuel había aprendido a leer por su cuenta propia. Lamentando que ahora no pudiera estudiar por la ausencia de su padre, pero que dentro de muy poco retomaría sus estudios para llegar a ser un gran médico.

Con emoción Lucía iniciaba siempre su relato de aquel día domingo hace 12 años. Aun estaban en cama, Gonzalo leía el periódico del sábado pasado, mientras que Manuel y Marcela jugaban con el resto del periódico.

Quiero ver los muñequitos- decía Manuel

Yo los vi primero – le gritó Marcela, arrebatándole las caricaturas.

Manuel se conformó con hojear sin ganas la sección de deportes, dedicada casi en su totalidad al torneo nacional de fútbol.

Cuando Marcela se cansó con las caricaturas, Manuel tomó con mucha atención el periódico para ver los dibujos de Benitín y Eneas, una de las caricaturas que más le gustaba hojear.

Qu-é di-ces E-ne-a-s – Empezó a leer entrecortado Manuel.

Di-me cu-a-ndo re-gre-sa tu her-ma-na – Terminó de leer Manuel casi sin aire en sus pulmones.

El niño está leyendo ! – Exclamó Marcela.

Quién le enseñó a leer – Replicó Lucía mirando a Gonzalo.

Yo no mi amor – Respondió emocionado Gonzalo.

Yo tampoco – Volvió a decir Marcela – Manuelito aprendió a leer solito!

Desde ese momento se dieron cuenta de las habilidades especiales de Manuel. Siempre se destacó en sus estudios, a pesar de las necesidades que siempre hubieron en casa.

En algunos momentos, Lucia llegó a creer que su hijo tenía algún tipo de autismo, porque a pesar de ser muy unido con su familia, sus relaciones con personas externas eran muy precarias, prefería estar solo con sus cosas, era retraído y evitaba las multitudes.

Lucía se resignaba con que su hijo fuera especial en familia, aun cuando no lo veía socializar como el resto de niños. Nunca quiso forzarlo a hacer algo que claramente no le agradaba. Ni tampoco tuvo el dinero para llevarlo a esos especialistas que de la escuela le recomendaron, para tratar que Manuel fuera más sociable con sus compañeros de clase.

Siempre pensó que con sus actos, palabras, buenos tratos y mucho amor, tendría todo lo que necesitaba para llevar a su hijo por los buenos caminos, aun cuando no fuera como el resto de los niños que conocía.

Hasta el momento, esa fórmula nunca le falló, Manuel a pesar de no ser el alma de las fiestas, era una persona que agradaba por su forma de ser, por su trato suave con las personas, por la inteligencia de sus palabras y por el sacrificio que hacía por su madre y demás hermanos.

Ahora que por la ausencia de Gonzalo, tuvo que dejar sus estudios para apoyar a su madre en la tienda, Manuel se esforzaba el doble, no sólo estaba pendiente de todo cuanto ocurría con el negocio, sino que estaba estudiando por su propia cuenta, en los ratos que tenía libres, y en la noche también, aprendía por internet lo que más le gustaba, la medicina.

En unos dos meses retomaría sus estudios en la noche, en un instituto que quedaba en el centro de la ciudad, donde podría alternar con su trabajo en la tienda, para terminar lo más pronto posible su bachillerato, y así empezar bajo la misma modalidad nocturna sus estudios universitarios.

El trabajo en la tienda empezaba a las 5 de la mañana, pero Lucía y Manuel ya estaban levantados desde las 3:30, arreglándose, preparando el desayuno, alistando a Luisito para llevarlo al colegio.

En el barrio la tienda «Vendedora de ilusiones», era un lugar de encuentro para los vecinos, la atención y humanidad, primero de Gonzalo y Lucía, y ahora de Lucía y Manuel, hacían de la pequeña tienda, el sitio preferido por la vecindad para no sólo ir a comprar sus víveres, sino también para reunirse un rato, y hablar de los últimos acontecimientos.

A primera hora siempre llegaba religiosamente Margarita, saludaba con un fuerte abrazo a Lucía, se hacía a un rincón del mostrador, tomándose un tinto que amablemente Lucía le ofrecía, esperando ansiosa el momento en que su amiga se desocupara para hablar de todo un poco.

Margarita era la mejor amiga de Lucía, unos 5 años mayor que ella, madre soltera de dos hijos. Conocía a Lucía desde que llegó al barrio con Gonzalo, hace ya más de 25 años. Era conocida por todos en el barrio no sólo por su locuaz forma de ser, sino porque también era una persona muy involucrada en las actividades con los vecinos, era quien se encargaba de reunir fondos para celebraciones especiales, para organizar la protesta cuando las calles tuvieron más cráteres que la luna, para recoger dinero para las personas solas de la tercera edad, buscar los regalos de navidad para los niños del barrio, y en fin, cuanto hubiera que hacer para la comunidad, doña Margarita estaba siempre presente.

Lucía, supiste lo que están diciendo sobre la inseguridad del barrio? – Le dijo Margarita a su amiga, aun cuando ella corría de un lado a otro atendiendo a sus clientes que iban atareados para su trabajo.

Si, Margarita, supe que atracaron la tienda Juan Golo hace como 4 días – Le contesto muy rápidamente Lucía.

Si querida, este barrio se ha llenado de lacras, pero no viven por aquí, es lo que sé – Volvió a decir Margarita.

Dicen que son dos hombres y una mujer, que llegan a la tienda, distraen a los dueños haciendo no sé qué teatro, para luego intimidarlos con puñaletas y sacarles todo el producido de la caja – Siguió diciendo Margarita con tono horrorizado.

Esto está horrible Margarita, nosotros estamos muy atentos, pero le dejamos todo a nuestro Señor y la Virgen para que siempre nos proteja – Argumentó Lucía.

Lucy, tienes que estar muy pendientes de cualquier movimiento sospechoso, y avisarnos si tienes cualquier tipo de problema con esa gente – Le recomendó Margarita.

Gracias amiga. Entre todos tenemos que ayudarnos si queremos volver a sentirnos seguros en este barrio – Dijo Lucía.

A estas alturas no sospechaban los eventos que esa inseguridad les iba a traer a toda la comunidad, perdiendo poco a poco la tranquilidad que siempre habían disfrutado.

Parte I
Parte II
Parte III
Parte V
Parte VI
Parte VII

 

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