Lucía, la vendedora de ilusiones – Parte VI

Lucía, la vendedora de ilusiones – Parte VI

Apresurada llegaba Marcela donde su madre, la alegría que traía consigo no la dejaba articular palabra.

¿Qué tienes hija?  ¿Qué te pasó mi niña? -Le preguntó Lucía.

Ma… ma.. es que… es que…  pasé a la universidad – Apenas alcanzó a decir Marcela muy emocionada.

Marcela llevaba ya más de dos años, intentando alcanzar un cupo en una universidad pública, aún a escondidas de Ivan, su marido, que muy poco apoyo le ofrecía para seguir estudiando.

Su matrimonio y posterior embarazo, aplazaron los deseos que siempre tuvo Marcela de estudiar administración de empresas. Desde que estaba en el colegio se sentía atraída por los negocios, por tener su propia empresa, dirigirla y hacerla crecer.

Sin embargo, el amor se le atravesó en su vida, creyendo que había alcanzado el cielo con las manos, que cualquier deseo por fuera del matrimonio, podía aplazarse a favor de su nueva vida en familia.

Pero las ilusiones le duraron poco, se dio cuenta que Iván, carecía de visión y anhelos por lograr un futuro mejor, era una persona conformista, viviendo del día a día, apegado a sus amigos y a su forma relajada de vivir.

Y ahora con su bebé Gonzalo, cualquier otro proyecto que no fuera criar a su niño quedaban aplazadas indefinidamente.

 Estoy tan alegre por ti hija – Le dijo Lucía-  Es un gran logro para toda la familia .

Excelente Marcelita – Exclamó Manuel, escuchando las buenas nuevas, mientras estaba atrás del mostrador arreglando una mercancía – ¿Cuando vas a empezar ?

El semestre empieza dentro de cuatro meses – dijo emocionada Marcela

Y cómo piensas hacer con Gonzalito, apenas tiene 5 meses – Le cuestionó Manuel.Hum, bueno … – Respondió Marcela bajando un poco su ímpetu incial – Cuando vaya a entrar ya tendrá nueve meses, y podré mirar si lo pongo en algún jardin cerca de la universidad.

Mi vida – Le dijo Marcela – De cualquier forma te ayudaré a cuidar a Gonzalito, lo importante es que te sigas formando, en la familia estamos para apoyarnos.

Yo también me apunto – Dijo en forma enérgica Manuel – Para lo que necesites, estaré listo para colaborarte en lo que pueda.

Se los agradezco tanto Mamita y Manuel – Respondió Marcela un tanto apenada – Me encanta sentir que me apoyan, y que cuento con ustedes para esta oportunidad

Aun Marcela esperaba ansiosa la reacción que tendría Iván, si tendría toda la disposición como su familia, o al contrario iba a ser reticente que ella pudiera iniciar sus estudios universitarios.

Ivan, estoy muy alegre hoy – Le dijo Marcela a su esposo, mientras él estaba mirando un partido de Millos – Bucaramanga, y apenas le puso atención.

Y eso a qué se debe tanta felicidá – Le murmuró Iván sin dejar de mirar concentrado su partido de fútbol.

Imagínate que hoy me llevó una carta de la universidad, que me decía que tenía un cupo para administración de empresas – Le dijo todavía con emoción Marcela.

¿Universidad?  ¿Y con qué tiempo piensas en universidades? – Le dijo Iván en su letargo – ¿Y el bebé? Yo no me voy a volver niñero… jajaja.

Aunque te opongas, voy a empezar a estudiar – Le dijo con rabia Marcela – Yo no nací para quedarme en el hogar, tengo otras aspiraciones en la vida.

Ay sí, cómo no, de cuando acá quiere hacer algo diferente la señorita universitaria- Le respondió de forma burlesca Iván – Haber dígame qué es lo que ha visto, o quién le está calentando el oído para irse a estudiar.

Haber señor, yo sí tengo aspiraciones en la vida, que las haya aplazado por haber empezado esta familia es otra cosa  – Le dijo Marcela con el tono de voz cada vez más alto.

No voy a dejar pasar esta oportunidad, la vengo buscando desde hace más de dos años. – Siguió diciendo Marcela.

Ahí verá usted cómo hace con el niño, está muy pequeño como para que esté volteando de mano en mano – Le dijo con tono de regaño – Si luego se me enferma, se me retrasa o me lo maltratan será su problema.

Ya veré cómo me las arreglo – Terminó diciendo Marcela – Esperaba un poco más de apoyo, y que sintieras ésto como un triunfo de los dos, pero qué equivocada estaba.

Eso de estudiar no sirve para nada, cuánta gente no hay desempleada, manejando taxi, vendiendo puerta a puerta, con todo y su cartón de grado – Le volvió a insinuar Iván.

Eso puede ser cierto, pero si no lo intento, nunca sabré si tenía una oportunidad de crecer y ser alguien en la vida – Le respondió sin titubear Marcela, mientras se retiraba presurosa a su cuarto – Yo no voy a seguir tu pensamiento negativo y conformista. Si me quieres apoyar bien, sino haré maromas para estudiar, sea que te guste o no.

A pesar de las dificultades que todo este proceso le iba a conllevar, Marcela no dudó en ningún momento en aceptar el cupo en la universidad. Sabía que iba a ser un poco traumático para su bebé, pero que con el apoyo de Lucía, Manuel y Luisito, tendría una mano amiga que le ayudaría cuando tuviera alguna dificultad.

Detalles como éste fueron poco a poco socavando la relación de Marcela e Iván. La falta de aspiraciones de Iván, su desdén y desparpajo por todo, fueron opacando el amor que Marcela alguna vez le profesó.

Con el apoyo de Lucía y Manuel, a Marcela le tomó 5 años y 2 meses terminar su carrera. Al principio fue traumático, primero porque llevaba más de tres años sin estudiar, y siempre se necesita tiempo para remotar el hábito de sentarse en un aula a recibir clases; y luego por Gonzalito, que extrañaba mucho a su mamá, que incluso tuvo una gastroenteritis los primeros meses en la sala cunas, con lo que Marcela tuvo que solicitar licencias especiales para cuidar el niño.

Con todo y las dificultadades, privaciones, largas jornadas de estudio y trabajo en el hogar, Marcela se destacaba como una de las mejores en la clase. Se esmeraba por hacer a conciencia sus trabajos, estudiando a fondo para cada parcial que tenía. Siempre fue motivo de admiración entre sus compañeros, que sabían todo el esfuerzo que Marcela tenía que hacer para estudiar, y que aun así se estaba por encima de otros que tenían todas las facilidad para estudiar cómodamente.

Aquel día de su graduación se veía radiante, Lucía se encargó de maquillarla, mientras que una amiga del barrio se había ofrecido a coserle su vestido de grado.

 ¿A qué hora tenemos que estar en la ceremonia? – Preguntaba despistado Luisito.
A las 4 de la tarde Luisito, acuérdate – Le respondía irónicamente Manuel.

Marce, estás muy bonita hoy, el vestido quedó hermoso – Le decía Lucía a Marcela, mientras se esmeraba en maquillar a su hija.

Gracias Ma, Jimena hizo un muy buen trabajo, quedó como comprado en un centro comercial – Le respondió Marcela – Y casi tres veces menos, jejeje.

Yo me encargo de llevar a Gonzalito, toca estar pendiente de él porque es muy inquieto – Decía Luisito, con la madurez de cuidar de la mejor manera a su sobrinito.

La ceremonia fue muy emocionante, Marcela obtuvo finalmente su diploma de grado de Administradora, donde además recibió mención de honor por su excelente trabajo de grado, que de paso le dio la oportunidad para ser conocida por una empresa de productos lácteos, donde empezaría a trabajar casi de inmediato.

Iván se hizo presente en la ceremonia, casi de incógnito. Hacía ya dos años que ambos se habían separado, su incompatibilidad se había vuelto intolerable, y más aun cuando Iván comenzó a ver cómo Marcela, empezaba a tener una vida más próspera, una perspectiva nueva y ganadora.

Ahora que Iván veía tan linda y radiante a su ex-esposa, empezaba a extrañar la vida que dejó atrás por su desidia e incomprensión.  Pero ahora ya Marcela no quería saber nada de él, las únicas cortas conversaciones que tenían eran cuando Iván ocasionalemnte preguntaba por el niño, o lo llevaba a casa de su madre para que lo consintieran sus tías.

Nunca imaginó Marcela la obsesión que de ahí en adelante había nacido en Iván por ella. Una fijación que nunca cuando estuvieron juntos estuvo presente, pero que sólo ahora, iba a aflorar en situaciones desagradables y traumáticas, que terminarían en graves consecuencias para Iván.

Parte I
Parte II
Parte III
Parte IV
Parte V
Parte VII

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