Reflexiones y oportunidades en tiempos de crisis y cuarentena

Son tiempos difíciles para el mundo actual, una situación así no estaba en la memoria de las generaciones presentes. Pandemias, cuarentenas y similares se veían lejanas, tanto en el tiempo como en la distancia. De historias de pestes pavorosas en la edad media, a gripas aviares y porcinas de hace pocos años, nunca habíamos estado en una amenaza sanitaria tan palpable a nivel mundial.

Oportunidades en tiempos de crisis y cuarentena
Oportunidades en tiempos de crisis y cuarentena

Escribo hoy 16 de abril de 2020, luego de 22 días de aislamiento general decretado por el gobierno nacional de Colombia; medida tomada luego de tomar estricta nota de los graves y desastrosos eventos, desembocados por el contagio masivo del virus respiratorio covid19, tanto en China como en Europa. Estamos apenas en el principio de una crisis sin antecedentes para Colombia y el mundo en general, de imprevistas consecuencias en muchos aspectos de la vida de nuestra sociedad.

En pleno siglo XXI, con internet, la inteligencia artificial, la televisión, las grandes corporaciones, el mercado globalizado y tantas otras «maravillas tecnológicas e industriales»; donde nuestra sociedad se sentía invulnerable, cuando ya tal vez su mayor enemigo parecían ser las máquinas que nos amenazarían con quitarnos nuestros puestos de trabajo; esta catástrofe nos está recordando que nuestro mundo tiene todavía muchos flancos débiles, que pueden ser golpeados fatalmente por los más duros y diminutos enemigos de la humanidad: los gérmenes.

Emergencias sanitarias como éstas, sacan a relucir los eslabones más débiles de la sociedad, donde los sectores menos favorecidos y excluidos de la prosperidad, la riqueza y los beneficios sociales de un país, se ven golpeados con mayor fuerza, por una circunstancia que nadie vio venir, o si lo hizo, inclinó la balanza hacia el beneficio económico, que hacia los sectores más vulnerables de la comunidad.

Esta pandemia que afecta a todos por igual, sin distinción de razas, credos o estratos sociales, nos está haciendo revaluar muchas de nuestras creencias y posiciones que dábamos por sentadas, como si de inamovibles privilegios se trataran. Este golpe fuerte a la sociedad, está dejando una marca indeleble en nuestra memoria colectiva, de imprevistas consecuencias al corto, mediano y largo plazo, no solo en la economía, sino también en la salud mental, en las relaciones familiares y sociales.

La especulación del mercado, las grandes burbujas creadas a partir de las grandes corporaciones, equipos deportivos y demás figuras decorativas de nuestra sociedad de consumo; se diluyen como por entre un desagüe, cuando nos encontramos frente a una tangible necesidad de supervivencia, donde prima cubrir las necesidades básicas, donde es prioridad proteger a las poblaciones más vulnerables y expuestas a los contagios y muertes. Es una fuerte bofetada, directa y dolorosa a nuestra sociedad de consumo, que nos recuerda que nuestra realidad es una ilusión, que nada podemos dar por sentado, que el futuro es el mayor de los inciertos, y el presente es algo que debemos vivir con gran intensidad, porque del mañana ninguna seguridad tenemos.

Cómo transformará a nuestro mundo la pandemia del coronavirus es algo que no se puede predecir, qué otros efectos acarreará en nuestra sociedad, qué conflictos estallarán, qué cambios para bien o para mal ocurrirán, cómo afrontarán los gobiernos de aquí en adelante amenazas como éstas, cuándo la economía mundial se repondrá de sus efectos. Nadie lo sabe a ciencia cierta, son tan complejas y variadas las variables, que es casi imposible conseguir una simulación de las consecuencias.

No será la última vez que los patógenos nos pongan en jaque, en nuestro mundo altamente interconectado y viajero. Pero del aprendizaje que logremos como sociedad del manejo de estas situaciones, tendremos la capacidad de enfrentar con mayor certeza futuras tragedias humanitarias. Así como nuestro sistema inmunitario es capaz de recordar las infecciones previas, para atacarlas con mayor eficacia cuando vuelven a aparecer; así mismo todas estas emergencias, desde las más antiguas recordadas, hacen parte del mejor arsenal de experiencias, para controlar y mitigar próximas pandemias.

Ahora bien, esta emergencia sanitaria tiene muchas aristas, que se van a ir volviendo más agudas en la medida en que más largas sean las cuarentenas, que la situación de salud obligue sacrificar más puestos de trabajo, que más relaciones se terminen, que muchas más personas tengan que padecer física hambre en sus hogares, que vean sus finanzas irse a la quiebra en pocos meses. Tal vez aun más fuerte que los efectos del virus covid19, sea la incertidumbre por el mañana, por un enemigo invisible que se esconde en cualquier pasamanos, en el piso que andamos, en la bolsa del mercado; un enemigo que puede traer fatalidad a nuestras familias y amistades, destruir la economía de muchos en cuestión de días.

No somos los primeros humanos en recibir el embate de la fatalidad, tiempo atrás nuestros antepasados también se vieron enfrentados a graves situaciones: Pandemias, guerras, invasiones o catástrofes naturales, que dejaron en la ruina a prósperas sociedades, que tuvieron que reconstruir su mundo, sobre ponerse a la adversidad, aprender de sus errores para proseguir su andar. Gracias a todos ellos, nosotros estamos aquí, gracias a su resilencia frente a la adversidad y a la fatalidad, a su capacidad de limpiarse el polvo, tomar herramientas con sus manos, y levantar de nuevo lo que se perdió.

Cualquier bien capital se puede recuperar, todos llegamos a este mundo sin nada en nuestras manos, la vida de las personas vulnerables son invaluables, y deben ser la prioridad de atención y cuidado frente a nuestra realidad actual, es un deber de la sociedad actual, unirse como un organismo viviente único, para rodear a quienes no tienen como protegerse, para demostrar que la humanidad todavía se puede conmover con el sufrimiento de los más necesitados.

Guardo la esperanza que esta cruel experiencia, lleve a los estados del mundo, a priorizar la vida y la salud de sus ciudadanos y del planeta, que robustezcan los sistemas de salud, tanto en acceso a los más vulnerables, como también en recursos para su operación, y para los abnegados integrantes del personal sanitario, que se sacrifican por la salud de las personas, no solo ahora que son visibles, sino desde mucho tiempo atrás, sin siquiera darnos cuenta nosotros.

Es en estos precisos momentos, cuando notamos cuán frágil es nuestra forma de vida, donde vemos lo mal destinados y manejados que han sido los recursos para la salud, la ciencia y la tecnología a favor de la sociedad, es que recapacitamos sobre tantos millones de pesos que se destinan al desarrollo de armas, a entidades gubernamentales burocráticas, a gastos inútiles y suntuarios de nuestros gobernantes, al apoderamiento de recursos por las hambrientas bocas de los corruptos.

Esta forma abrupta y basta de volver la mirada a lo básico de nuestras necesidades humanas, también nos hace ver que necesitamos más creatividad y diversificación en la forma en la que obtenemos ingresos. El 16 de abril de 2019, quizás nadie vaticinaba que el mismo día del año siguiente, estaríamos encerrados en nuestras casas huyéndole a una pendemia. Tal vez por esa misma época, aquel negocio rebosante y próspero que teníamos, o ese empleo tan estable del que presumíamos, parecían que sólo podían crecer y crecer, sin siquiera sospechar que ese negocio se pudiera ver cerrado sin ninguna previsión, y que aquel empleo, ahora estuviera en la cuerda floja por una situación repentina.


Oportunidades en tiempos de cuarentena

De ahí surge la necesidad de diversificar nuestros ingresos, contar con un plan A, B y C que sustente nuestra economía, para tener mayores opciones de sostenernos en caso de eventualidades como la actual. Nunca antes tuvimos la posibilidad de llegar a tantas personas, de interactuar con gente de tantos países, de tantas condiciones y necesidades diversas. Es así como estamos frente a la posibilidad de crear negocios sustentables y concurrentes, que se aprovechen de nuestro mundo altamente interconectado.

Hoy en día que la información está más al alcance de cualquiera, tanto la buena como la mala información, se tiene una oportunidad única para aprender sobre lo que se quiera en diversas áreas, necesidades y gustos. Si hoy tengo el interés suficiente, puedo aprender sobre lo que desee en internet, o también puedo perder todo el tiempo en los chismes de las redes sociales, sólo es cuestión de perspectiva sobre cómo deseo ver mi vida y la de mi entorno en el futuro.

Si hoy solo me quejo y lamento de la situación actual, puedo usar esta triste coyuntura a mi favor, pudiendo aprovechar este tiempo para aprender, para lograr que mi negocio que ahora creo perdido, pueda expandir su clientela, para que aprenda nuevas formas de hacer mi negocio, nuevos modelos, nuevas formas de producción, mejores maneras de controlar mi tiempo y mis finanzas.

El mundo digital tiene una oportunidad que no podemos desaprovechar, esta pausa obligada en nuestra vida, debe ser un punto de inflexión para reflexionar en cómo podemos recuperar nuestra maltrecha economía, en cómo reinventarnos para construir sobre nuestras propias ruinas, porque si de algo nos caracterizamos los seres humanos, ha sido de poder sobreponernos a nuestras propias debilidades.

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