Venezuela, la crisis de un modelo económico inviable

Venezuela
Crisis en Venezuela

Hasta no hace mucho tiempo, Venezuela, un país con grandes recursos naturales y económicos, era un lugar donde las personas poseían grandes posibilidades de consumo, donde los colombianos teníamos cabida para visitar, comerciar o vivir en este hermoso país. ¿Qué pasó entonces, para que en menos de dos décadas llegaran a una situación política, social y económica tan insostenible?

¿Qué ocurrió para que una economía basada en el petróleo, con una de las más grandes reservas petroleras, sufriera una crisis tal vez sin precedentes en su historia reciente?

En mi primer viaje a Venezuela en 2001, el gobierno de Hugo Chávez Frías hacía muy poco había iniciado actividades, y era otro gobierno como cualquier otro en Venezuela o cualquier otro país latinoamericano.

Caracas fue nuestro centro de operaciones, para un grupo de unos 10 colombianos, solicitados por la sede de la empresa en Venezuela, para apoyarlos en un proyecto de telefonía con CANTV, que tenía que ejecutarse en todo el país.

Recorriendo Maracaibo, Cabimas, Ciudad Ojeda, Valera, todas a orillas del golfo de Maracaibo con su extenuante calor, luego por Puerto la Cruz y Anaco, Maturín, Carúpano e Isla Margarita; fuimos muy bien atendidos a donde llegamos, nos encontramos siempre con personas que nos colaboraron incondicionalmente en las actividades que nos fueron encomendadas.

Posteriormente volví en dos ocasiones más, una vez a Caracas y otra a Puerto Ordaz, con su parque de la Llovizna, y la unión mágica de los ríos Orinoco y Caroní. Varios de los compañeros venezolanos con los que compartí dichos viajes, terminaron luego de varios años desplazados a Colombia o a Ecuador, huyéndole a la mala situación económica y social del país.

El debacle de Venezuela tal vez se inició cuando sus gobernantes pensaron que el dinero que les llegaba a manos llenas, les duraría para siempre, que podían comprar conciencias y países para sus fines, creando además un estado asistencialista, aprovechando los grandes recursos de los altos precios del petróleo. Creando así una base cada vez mas grande y fuerte de electorado de estratos bajos, atendidos por los subsidios del estado.

Pero cuando los precios del petróleo empezaron a irse en picada, los problemas empezaron, todas las reservas que los venezolanos deberían haber guardado para las vacas flacas, se esfumaron en ayudas a países como Nicaragua, Argentina o Bolivia, o en la creciente burocracia y corrupción del país. La única forma de mantener el poder a salvo de las amenazas golpistas, fue empezar a darle poder a las fuerzas militares, dándoles la capacidad de tener empresas, darles mayor protagonismo en el gobierno, y cada vez mayores sueldos y prebendas.

Más oscuro se empieza a tornar cuando un gobierno se empieza a atornillar por muchos años, la corrupción empieza a campear, todas las instituciones empiezan a ser permeadas y controladas por las fuerzas de gobierno; con el único fin de mantener su status quo. Es tal vez por eso, que muchas democracias limitan de 4 a 6 años los periodos presidenciales, previendo que un gobierno puede ir concentrando mucho poder entre más periodos se encuentre en el mando.

Los problemas se fueron ahondando cuando arbitrariamente se expropiaron y se volvieron estatales muchas empresas privadas. Lógicamente esto empezó a preocupar a los empresarios, que veían como la confianza inversionista en Venezuela se empezaba a deteriorar. Tanto así que muchas empresas terminaron cerrando operaciones en el país para irse a otros lugares.

Una vez que Chavez destapó sus cartas, iniciando su proceso de creación de un gobierno socialista, con una Asamblea ya copada por el oficialismo, se empezó a calcar el modelo cubano en Venezuela. Con su carisma de líder caudillista, Chavez y su fuerte base electoral, pudo bloquear cualquier aspiración de las divididas fuerzas opositoras.

Pero la enfermedad y posterior muerte de Chavez, no le permitieron consolidar su modelo socialista del siglo XXI. El descontento de la población empezó a crecer por los problemas económicos que empezaron a asomarse a la vuelta de la esquina. Con la entrada de su sucesor Nicolás Maduro, tal vez más radical que Chavez, las cosas empezaron a tomar un tono más oscuro.

Por más que quiso Maduro emular las carismáticas entradas de Chavez, la situación económica adversa no le ayudó para nada en sus propósitos. El creciente déficit comercial, las empresas sin tener la capacidad de comprar materias primas o maquinaria, o transfiriendo al exterior los dividendos, empezaron a verse en aprietos para cumplir con la demanda de elementos de primera necesidad para el país.

Una política cambiaria confusa, con varias tasas de dólar, ajustadas sin criterios técnicos al acomodo del gobierno, también crearon un ambiente de enrarecida desconfianza de las empresas e inversionistas extranjeros, por la falta de estabilidad y reglas claras en el manejo de la economía y la propiedad privada.

Es así como muchas empresas quedaron con deudas gigantescas que el gobierno de Venezuela no pudo pagarles, tampoco dispuestas a seguirles vendiendo a crédito a un país que no tenía la capacidad de cumplir con sus compromisos comerciales.

De ser un país con tanta abundancia, hoy por hoy los venezolanos tienen que comprar las pocas raciones que puedan, claro, siempre y cuando sean chavistas. Es ahora cuando el descontento generalizado sigue creciendo como espuma, con unas consecuencias cada vez más impredecibles  por la precaria situación económica, la creciente inseguridad ahondada más por el arme de civiles, por las instituciones estatales en un caos total de corrupción e inconstitucionalidad, por un sistema de salud con grandes falencias, por las personas que aguantan hambre en las calles, por los niños con alto grado de desnutrición, y por  un gobierno que se torna cada vez más autoritario y violento.

Cuando un gobierno deja de escuchar el sentir de su pueblo, empieza a gobernar de espaldas a su base, a su razón de ser como líder de un estado, de una comunidad humana. Pierde completamente su razón de ser, pierde ese poder que la sociedad le da a un grupo de personas, para que los lleve por un mejor camino, para que vele por su bienestar y seguridad; no por el beneficio de su partido, de sus familiares, amigos o allegados.

No es fácil vaticinar cómo va a terminar la crisis de Venezuela, si el gobierno de Maduro finalmente se podrá consolidar y montar un comunismo cubano a razón o fuerza, aun en contravía de la mayoría de naciones del continente, o finalmente se hará a un lado gracias a la presión internacional, o a las fuerzas opositoras internas, que terminarían por obligar al gobierno a claudicar en sus deseos de anclarse en el poder, y montar un esquema económico que a todas luces se nota que no le gusta a la mayoría de venezolanos, permitiéndole finalmente al pueblo que elija de forma transparente a sus futuros gobernantes.

Es por eso que desde Colombia deseamos que nuestros hermanos venezolanos encuentren una solución a esta grave situación, para que puedan de nuevo estabilizar sus instituciones, los sectores políticos, su economía y la radicalización y polarización que hoy campea en este hermoso y recordado país.

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